La autotomía caudal es un comportamiento de defensa frente a los
depredadores muy extendido en los lagartos y en algunas serpientes. La
pérdida de la cola es un mecanismo antidepredador eficaz que incrementa
la supervivencia de las lagartijas en sus encuentros con todo tipo de
depredadores. Algunos estudios han demostrado una relación entre la
capacidad de autotomía caudal y la presión de depredación a la que están
sometidas distintas especies o poblaciones de lagartijas.
Hay lagartijas que mueven la cola en presencia de los depredadores o
que tienen colas con coloraciones llamativas que atraen la atención de
los mismos. El movimiento de la cola y las coloraciones llamativas se
interpretan como una adaptación que disminuye la probabilidad de que los
ataques del depredador se dirijan a la cabeza o al tronco y los desvía
hacia zonas menos vulnerables de la lagartija, como la cola.
Además, en muchas especies que poseen la capacidad de perder la cola,
la cola autotomizada sigue moviéndose durante un tiempo (en algunos
casos hasta media hora), lo que contribuye a distraer al depredador y
facilita la huida de la lagartija. La cola posee planos de fractura y
esfínteres musculares que permiten que la pérdida de sangre y masa
muscular al producirse la autotomía sean mínimas. Una vez autotomizada,
la cola sigue moviéndose gracias a que posee un complejo sistema de
control neuromuscular. La energía para los movimientos de la cola se
obtiene a partir de la conversión de glicógeno almacenado en la cola en
lactato. Aunque es claramente adaptativa, la pérdida de la cola también
tiene consecuencias negativas para la lagartija. Además de los costes
energéticos que supone la regeneración de la cola (en aquellas especies
que poseen la capacidad de regeneración), su pérdida afecta a la
capacidad de locomoción de la lagartija, la hace más susceptible a la
depredación y tiene también repercusiones para su comportamiento social.
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